Un sombrero lleno de cielo

Un Sombrero lleno de Cielo  Nueva novela de Terry Pratchett, como continuación de las novelas juveniles y entroncada con las novelas de las brujas.

 Podríamos decir que es la continuación de “los pequeños hombres libres“, pero también enlaza de alguna forma con la breve historia de “El mar y los pececitos“. Con ello queda desvinculada de las novelas clásicas de la saga de las brujas, aunque para definirla como tal solo hace falta la presencia de Esmeralda Ceravieja y en esta novela, aparece durante gran parte de ella.

  Nuestra protagonista es Tiffany Dolorido, una niña que se ha convertido sin quererlo, primero en Kelda de los Nac Mac Feegle para enfrentarse a la reina de las hadas y ahora a un enjambre que puede acabar con su vida.

  La vida de las brujas no es fácil y tendrá que aprender muchas cosas. Para ello deberá alejarse de su pueblo e ir a convivir con otras brujas de las cuales aprenderá. Al marcharse, un joven al que salvó de la reina de las hadas, le regalará un colgante en forma de caballo (según parece, es similar al White Horse Hill que se encuentra al sur de Uffington). Pero ante el peligro que le acecha, sus pequeños amigos del clan, harán lo posible por ayudarla.

  Novela divertida, interesante en algunos puntos y referencias. Me pareció mas interesante que la primera de la saga de Tiffany, pero algunas cosas de esta no se entienden sin haber leído primero la otra.

  Una pequeña muestra.

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¡Está volviendo a casa! —dijo, poniéndose de pie. Agitó una mano urgente a los Feegle que observaban—. ¡No se queden allí con la boca abierta! —ordenó—. ¡Atrapen algunos conejos para asar! ¡Animen el fuego! ¡Hiervan un montón de agua, voy a tomar un baño! ¡Miren este lugar, está como un vertedero! ¡Límpienlo! ¡Lo quiero brillante para el Gran Hombre! ¡Vayan y roben un poco de Linimento Especial de Ovejas! ¡Corten algunas ramas verdes, acebos o tejos, tal vez! ¡Saquen brillo a los platos dorados! ¡El sitio debe estar reluciente! ¿Por qué están todos allí parados?

Er, qué quieres que hagamos primero, Kelda —dijo un Feegle nervioso.

¡Todo!

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