Promesas electorales

Ranas  Cuando comienzan las campañas electorales ocurre con los políticos un poco como el inicio del buen tiempo para las ranas y los sapos. De pronto parece que aquellos que estaban hibernados, escondidos y apoltronados, salen de sus escondites para croar cuanto mas fuerte y mas alto, mejor.

  Las campañas, me recuerdan un poco a los anuncios televisivos. En donde un aparato televisivo, o una persona, se encuentran a una altura mas elevada para que se vean bien e intenten de esta forma validar sus opiniones.Promesas electorales

  De la misma forma que se anuncian desodorantes que hacen que las mujeres te deseen, caigan ángeles del cielo o que un tampón es tan super-absorbente que no traspasa nada. Los políticos nos dicen que ellos nos darán trabajo para todos (solo trabajo, los sueldos ya veremos si hay) y que ademas de saber como superar la crisis (que ellos mismos han ayudado a provocar), van a hacer mas estables los puestos de trabajo (de la perdida de prestación social a cambio, tampoco hablamos).

  Pero es lo que tiene la propaganda. Siempre hay gente que se la cree y gracias a ello, se pueden ganar unas elecciones e hibernar otros cuatro años gracias a un sueldo mullido y espaciosas residencias donde hibernar.

Promesas ahogantes  No hay nada más cómodo que olvidarse de las promesas realizadas, ni nada más fácil que poner excusas o desviar la atención de su cumplimiento, ya sea echando la culpa al partido saliente, a la emigración, a la crisis mundial, a la falta de apoyo e incluso, si hace falta, al vecino de al lado.

  Yo siempre he creído que el movimiento se demuestra andando y por lo tanto no me sirve aquello que dicen los políticos, sino lo que hacen. Por lo tanto, si un partido no lo deja todo mejor de lo que lo encontró, hay que probar con otro partido hasta agotar todas las opciones. Si los secretarios generales no se preocupan de limpiar a los corruptos, lagartijas y chaqueteros de su partido, no es merecedor de votos ni confianza.

  Y es que en este caso, como escribió Plutarco, “la mujer del Cesar no le basta con ser honrada, sino que ademas debe parecerlo”.

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